lunes, 29 de junio de 2009

Panamá, un país del que poco escuchamos hablar. La verdad, tiene zonas hermosas, sobretodo la parte caribeña, como es el archipiélago de Bocas del Toro o el de San Blas, que según los que conocen, el mejor del Caribe.
Nosotros entramos al país por el de San Blas, y directamente nos fuimos a la ciudad de Panamá. Una ciudad carísima, con hospedajes por las nubes, y por lo tanto rapidita para visitar (al menos, para nosotros). Pasamos noche y visitamos el canal, la zona bancaria y el barrio antiguo y poquito más. Esa misma noche salimos en autobús hacia Almirante, para desde allí agarrar la lancha que va hasta Bocas del Toro, en la isla Colón.
Llegamos a Bocas a primera hora de la mañana, estaba solitario, la gente y los turistas aun estaban durmiendo. Nos instalamos en un hostal, el más económico pero aún y así caro para nuestras posibilidades, pero no podíamos pedir más, estábamos en Bocas del Toro.
La mañana siguiente nos levantamos con la intención de ir a visitar la otra isla, Bastimentos. De casualidad, antes de salir, nos encontramos con unos amigos, Pico, Maria, Aguita y Quetzal, la familia Argentina que habíamos conocido en Ecuador. Fue una gran casualidad, y nos encantó encontrarnos. Hacia algunos días que pensábamos en lo bueno que sería encontrarnos con ellos.
Ese mismo día surgió la idea de alquilar una casa en Bastimentos, así que esa misma tarde empezamos a buscar hasta encontrar algo que se adaptara a lo que estábamos buscando. Después de algunas horas nos instalamos en una casa de madera, totalmente equipada. Eramos 8, la familia de Salta, otra pareja de argentinos y Nico y yo. Aprovechamos los días para vender artesanías en una de las playas más lindas del archipiélago “Red Frog”. Cada mañana caminábamos una hora y media hasta llegar a la playa, vendíamos y luego nos regresábamos en lancha. A la tarde aprovechábamos para aprender algunas cosas nuevas y producir algunas cosas más.
La localidad de Bocas del Toro esta repleta de turistas, de hoteles y de lujosos restaurantes. Al otro lado de la isla Colón, se encuentra Boca de Drago, una playa hermosa, de las que uno imagina como un paraíso, con palmeras sobre el mar, agua transparente, infinidad de cocos para comer, y un montón de animalitos marinos. Hay unos autobuses que salen de Bocas y en 40 minutos de dejan en esta playa por US$2. El único problema de esta playa es la “chitra” (sandflies), un animalito tipo mosquito diminuto que te pica y luego no puedes parar de rascarte. Hay infinidad y a partir de las 17h ya no se puede ni estar.
Justo enfrente de Bocas esta la isla Carenero, un lugar mucho más tranquilo y también con lindas playas para ir a pasar la tarde. Mucho más recomendable que Bocas del Toro. También hay hospedajes, restaurantes y lugares donde uno se puede quedar.
Y luego esta la isla en donde nosotros nos quedamos, Bastimentos. Mucho más tranquila y con poco turismo. Hay posibilidad de alquiler de casas por US$55 por semana y también algunos hostales en donde quedarse.
Nosotros no conocimos más del archipiélago, pero hay lugares que si se tiene la posibilidad vale la pena no perderse. En playa larga hay el desove de las tortugas sobre el mes de junio, snorkel en hospital point, cayo zapatillas,...
Y después de 10 días de playa y artesanías decidimos colgarnos las mochilas de nuevo y volver a emprender viaje. Esta vez hacia Costa Rica...

CRUZANDO POR EL DARIÉN

Definitivamente la alternativa más tentadora, para ingresar a Panamá desde Colómbia, es la ruta desde Turbo hasta Tubalá pasando por algunos poblados de la región de los Kuna Yala.
Después de realizar una investigación a fondo de las posibles rutas y precios descubrimos que más allá de lo común, el avión o los barcos que salen de Cartagena de Indias hacia Panamá pasando por San Blas, existe una vía con más aventura, menos turistas, más económica y hasta un poco peligrosa bordeando el tapón del Darién. Todo lo que necesitamos para ser felices...
La travesía comienza viajando desde Medellín hasta Turbo en un autobús que se demoró toda la noche y unas cuantas horas más de lo previsto por unos derrumbes en la ruta.
Todos los días a las 8 am salen lanchas a mar abierto que cruzan desde Turbo a Capurganá en 2 horas y cobra unos 23 dólares aproximadamente , y nuestra intención era llegar de madrugada para no tener que pasar la noche en esta ciudad, pero la demora nos obligó a buscar un alojamiento y esperar al día siguiente.
Dependiendo de la época del año y del clima las condiciones del mar son tremendamente malas. Hemos escuchado que las olas alcanzan hasta los 3 metros y en alguna ocasión se ha dado vuelta alguna lancha.
Pero nosotros tuvimos suerte y justo dimos con el días más calmo del año...
Realmente no nos queremos imaginar como será el peor día, no nos extraña que se den vuelta las lanchas ni que la gente elija otras rutas para ir a Panamá.
Entonces, pasamos la noche en Turbo y al día siguiente salimos hacia Capurganá. El costo del pasaje es de 49.000 pesos colombianos y a partir de los 10 kilos cobran 500 pesos por cada kilo de exceso.
Es importante que aquellos que van a hacer el viaje no se olviden de comprar bolsas para tapar todo el equipaje, se los aseguramos, uno sale totalmente empapado. Allí las venden por 1000 pesos.
Llegamos a Capurganá a las 12 del mediodía y a las 14 hs, después de que abriera la oficina de migraciones, partimos hacia Puerto Obaldía, en Panamá con otra lancha.
En Puerto Obaldía es necesario armarse de paciencia para que el paso, obligado por migraciones, y la estadía en el pueblo no resulte tan desagradable.
Para no agobiarlos y resumir, haganse una idea. El encargado de poner el sello es un niño de no más de 18 años que se cree el rey del mundo, es el hijo de la alcaldesa que, a su vez, es la que vende los pasajes de las avionetas que van hasta ciudad de Panamá, el padre de la criatura es el que te lleva en la lancha hasta la isla-aeropuerto (el aeropuerto de Pto. Obaldía esta cerrado) y te cobra ni más ni menos que 25 dólares.... y para rematar, el niñato es el dueño de la única fotocopiadora en el pueblo y del único ordenador con Internet – por supuesto te exige la reserva de salida del país y dos fotocopias del pasaporte..................
Pasamos la noche en este infierno y al día siguiente tomamos la lancha hasta Tubalá. A 1 hora de Pto. Obaldía se encuentra esta isla desierta, perteneciente a los Kuna Yala, donde se instaló la pista provisora hasta que finalicen obras en Pto. Obaldía. Al pisar la isla los indios Kuna, ya bastante contaminados por el turismo y los extranjeros, te cobran 1 dólar de tasa aeroportuaria.... (si serán hijos de...)
Pero bueno, son esas cosas que hay que pasar. Ya conocemos los riesgos y lo que toca cuando se utilizan pasos fronterizos poco comunes.
Desde el avión se puede apreciar la inmensidad del tapón del Darién y las islas paradisíacas de la región de los Kuna Yala.
A pesar de todo, valió enormemente la pena y se lo recomendamos a todos que piensen pasar de Colómbia a Panamá.
Para los que estén interesados en seguir esta ruta, les paso un resumen de los tramos a hacer i los precios correspondientes (teniendo en cuenta nuestro regateo)

Medellin- T urbo: 49000 pesos, 8h, bus
Turbo – Capurganá: 49000 pesos, 2h y media, lancha
Capurganá – Puerto Obaldía: 20000 pesos, 40 minutos, lancha
Puerto Obaldía – Tubalá: US$25, 1 hora, lancha
Tubalá – Ciudad de Panamá: US$53, 40 mins, avioneta

Cabe tener en cuenta que hay la posibilidad de hacer el trayecto desde P.Obaldia hasta Colón o Miramar en barcos de carga. Estos van parando en las islas a cargar y descargar, lo que te permite conocer un poquito más de la zona de los Kuna Yala. A nuestra llegada habían 2 barcos en P. Obaldía por irse, pero el amigo de migraciones no nos quiso sellar hasta el día siguiente por la mañana. El precio de estos barcos es sobre unos US$25 por persona.

Un artículo interesante...

LA SEGURIDAD EN COLÓMBIA

Abordar el tema de la seguridad en Colombia desde la perspectiva del ciudadano común y corriente, es algo sorprendentemente fácil y sencillo, porque no va más allá de los límites de lo que vivimos en nuestras vidas cotidianas. Si a ello le agregamos las noticias que vemos en la televisión, o que leemos en los periódicos, o que escuchamos en la radio, esa vivencia que tenemos no se ve en forma alguna refrendada, sino que por el contrario nos enteramos de que la situación política en el país, no es ni sencilla ni fácil.

Con ese breve planteamiento lo que intento es mostrar que la situación en Colombia es similar, por no decir idéntica, a la que tiene y vive un ciudadano de cualquier región de España, por ejemplo, con el problema del terrorismo de ETA. Me explico: en España, todo el mundo vive su vida tranquilamente. En Colombia pasa exactamente lo mismo, sin diferencia alguna. Los españoles leen en los periódicos que ETA asesinó a un militar en algún punto del reino, o que explotó una bomba en un cuartel de la Guardia Civil y los colombianos leen algo parecido en sus periódicos, pero no es ni en España ni en Colombia algo que esté tocando de forma directa y personal nuestras vidas. Tanto los unos como los otros tenemos en el país un problema muy grave, pero ese problema no se siente y no lo ve tampoco quien no se está encaramando a las montañas y quien no se está internando en el lejano territorio donde se encuentra el núcleo del problema.

Bogotá es una ciudad con siete millones de habitantes. Suele decirse que es una ciudad tan peligrosa como Nueva York, y quienes vivimos en ella, realmente no encontramos diferencia en cuanto a la seguridad, con respecto a otras grandes ciudades del mundo, quizás eso si, con la excepción de Ginebra, o de Oslo, que son ciudades no seguras al 100%, pero si reconocidamente más seguras que Bogotá, Nueva York, Madrid o tantas otras.

Es cierto que alguna vez se han dado atentados terroristas, pero nunca hemos tenido uno en el que hayan muerto tantas personas como en Nueva York, o más recientemente, Barcelona y Madrid.

Completamente absurdo sería no viajar a Nueva York por lo que hace relativamente poco murieron cerca de tres mil personas en un solo atentado en el centro de la ciudad. Igualmente absurdo sería cancelar un viaje a Madrid por el terrible atentado terrorista que ocurrió hace unos años allí. Y sobra decir que, de igual forma resultaría del todo absurdo dudar en venir a Colombia, donde todos nos enteramos de los problemas que tenemos es a través de los periódicos y la televisión. No estoy diciendo que no haya problemas graves en Colombia, solo estoy poniendo las cosas en su lugar y en su debida y sana perspectiva, sin la insidiosa intervención del periodismo interesado en dar noticias que resulten escalofriantes para poder vender su medio.

Colombia en general es un país que sufre y ha sufrido muchísimo con dos problemas que han frenado el desarrollo del país, y que como es ya conocido, son el tráfico de drogas y la guerrilla. Lo que ya no es tan conocido es que nada menos que el 81.4% de la población total del país repudia y aborrece esas dos lacras, y que cada uno de nosotros en la medida de nuestras posibilidades hacemos cada día cuanto podemos por extinguirlas.

Por lo anteriormente explicado, usted tranquilamente puede ser uno más de los 5.000 pacientes que cada mes llegan a Colombia a cirugía o tratamiento médico u odontológico, procedentes de más de 80 países del mundo.

Dando un clic aquí entrará a un artículo del New York Times donde leerá que el Departamento de Estado, en enero de 2006 publicó una Alerta de Seguridad en la que expresaba que "la violencia en Colombia en los últimos años ha decrecido notoriamente en los centros urbanos, incluso en Bogotá". Por otra parte y según Marshall Louis, vocero de la Embajada de los Estados Unidos en Bogotá, "la situación de seguridad ha mejorado de manera ostensible en los últimos 5 años. Bogotá puede ser peligrosa, pero no por secuestros sino por robos, al igual que en cualquier otra ciudad del mundo", concluye el vocero de la embajada.

Desde que empezamos el viaje que íbamos escuchando maravillas de Colómbia. Teníamos ganas de conocer los paisajes, y aún más su gente, en donde finalmente encontramos gente que se comunica, gente que te cuenta, gente próxima, gente de sangre caliente, gente caribeña.
De todas maneras no teníamos mucho tiempo. Nos preocupaba el cruce a Panamá. Aun no teníamos muy claro por donde cruzar ya que no podíamos gastar mucho dinero. Debíamos prever algunos días de sobras para encontrar alguna embarcación que nos conviniera.
Entramos a Colómbia por Ipiales, frontera con Ecuador. Al no tener moneda local nos tocó caminar 2km en subida con nuestras cada vez más pesadas mochilas. En esa hora nos pasaron miles de furgones de policía, del ejército, antidisturbios,... nos sorprendió la cantidad de seguridad. Y bueno, debíamos acostumbrarnos, estábamos en Colómbia el país de la cocaína, la marihuana, los narcotraficantes...
Paseamos por Ipiales en donde comimos nuestra primera arepa. La arepa es una masa de maíz rellena de queso, hecha a la brasa y con dulce por encina. Espectacular! Creo que en los 15 días que estuvimos por Colómbia no dejamos de comer arepas ni un día.
Al final decidimos irnos directamente a Cali para pasar la noche en el bus y así ya avanzar un poquito. En Cali nos esperaba Felipe, un chico tímido e introvertido pero muy agradable y con muchas vivencias que contar.
Cali, la capital de la salsa y una de las ciudades más importantes del país. Una ciudad que huele a Manihuana y a maní (cacahuetes). Conocida por los carteles juntamente con Medellín.
De ahí nos fuimos a conocer el eje cafetero. Pasamos por Armenia, Boquía, Salento, Pereira y Manizales. En todos los lugares estuvimos en casa de CS, Luís nos hospedó en Armenia, Margarita en su reserva natural de Boquía, y Moni en Manizales. A los tres muchísimas gracias por la hospitalidad y por permitirnos conocer mucho más sobre la realidad colombiana.
De estos tres lugares destacamos Salento y sus alrededores por ser un pueblito tranquilo y tradicional, muy artesanal, rodeado de naturaleza y paisajes hermosos, de lo más lindo que hemos visto sobre la extensión de la cordillera de los Andes. Por otro lado, Manizales es una ciudad con bastante atractivo. Tiene mucha oferta cultural donde se respira el ambiente universitario.
De Manizales salimos hacia Medellín, otra gran ciudad colombiana conocida por sus carteles. Nos hospedamos en la casa de Guiomar, situada en una zona tranquila fuera del centro.
Se considera a los Medallos como la gente más agradable y sociable de todo Colómbia y así es. Un ejemplo es el caso de que le preguntes a alguien como llegar a algún lugar, y no solo te indican, sino que hasta te acompañan si tienen tiempo. Y uno puede confiar al 100% en esa persona.
De la ciudad de Medellín resulta imposible perderse el parque de Botero, en donde se exponen algunas de las estatuas que el artista dejó. También hay que mencionar que es la única ciudad del país que dispone de una red de metro y cable metro, 100% segura, limpia y organizada. El parque del periodista se convierte en el centro de quienes quieren salir a tomar algo en la calle. A partir de las 19h se reúnen cantidad de estudiantes para tomar una cerveza y fumarse un porrito. Dicen que un colombiano que no fuma marihuana no es colombiano.
Aprovechamos para ir al cine y ver una película colombiana muy buena, “Los viajes del viento”, que habla del folklore nacional, vallenato, y muestra la diversidad de paisajes que se encuentran en el país.
Nos supo mal no haber podido pasar más tiempo en este país, la gente es maravillosa y lo que no conocimos pensamos que también. Nos queda pendiente para otra ocasión...

miércoles, 10 de junio de 2009

Mercado de Otavalo

La ciudad de Otavalo queda ubicada a unas 2 horas de Quito, al norte de la capital del país y a muy pocos kilómetros de la frontera con Colómbia.
El mercado de Otavalo es el más antiguo de todo América del Sur.
Durante toda la semana se extiende en la plaza principal cantidad de puestos de productores y artesanos. Pero el día sábado explota Otavalo y todas las calles del centro de la ciudad se llenan de un puesto al lado del otro, se corta el tránsito y desde la plaza hasta unas 5 cuadras a la redonda es todo artesanos y vendedores.
Fue ahí donde descubrimos el origen de la mayoría de las artesanías que se venden en e resto de América. Todo lo que sea ropa, pantalos de colores y rayas, camisas, sombreros, bolsos, adornos, pulseras tejidas, collares, recortes de tagua, maderda, jade, hamacas, y mucho más, se fabrica en Otavalo y alrededores...
Así que para aquellos que pretendan vestirse en Bolivia o Perú con ropa regional les contamos que en Otavalo, Ecuador, pagarían menos de la mitad de los precios que ponen en esos países.

martes, 9 de junio de 2009

Ruta del Sol, Ecuador

Desde que conocimos a Mariano y María, los chicos de Las Heras, nos hizo ilusión la idea de viajar un tiempo con ellos. Sobre todo teniendo en cuenta que su itinerario coincidía con el nuestro y los 4 viajamos con las mismas ideas y con el mismo estilo, lo cual es muy bueno porque en otras ocasiones hemos hecho el intento de convivir y no ha resultado tan buena experiencia.
Al parecer ellos pensaban igual, porque no hizo falta organizar mucho que al dejar Riobamba nos fuimos juntos para la costa.
El plan era visitar algunos de los pueblos de la ruta del sol juntos, acampando en las playas y salir a vender solo si aparecía una buena oportunidad.
Manglaralto fue nuestro primer destino. Un pueblito pesquero con muy poco para recorrer pero con una tranquilidad asombrosa.

Por ser temporada baja nos fue muy fácil encontrar un lugar para acampar. En la playa, casi saliendo del pueblo, hay unas cabañas que durante el verano funcionan como comedores, restaurantes o simplemente chiringuitos, pero cierran en temporada de invierno y uno puede poner su tienda en la arena bajo un techo de cualquiera de estos puestos.
De Manglar nos fuimos para Olón, donde conocimos a un Colombiano loco que no paraba de contar historias propias al mejor estilo Rambo....
Después un par de días en Puerto López, otros días más en Canoa y ahí nos separamos.
Pasamos unos 10 días de playa, tranquilidad, relax, comer bien, divertirnos, intentar pescar con las hamacas en un estero...., produciendo un poco para futuras ventas, aprendiendo, intercambiando, haciendo fogones, cocinando recetas inventadas, festejamos el cumpleaños de María. Lo pasamos muy pero muy bien.

En Canoa nos quedamos en una casa que está preparada para hospedar solo a artesanos. Gracias al dato que nos pasaron en Riobamba, “la Colo”,una artesana argentina, llegamos a la Casa del Sol. Un lugar mágico, muy bien puesto y organizado, un hospedaje auténtico y completo por muy buen precio.
Ahí conocimos a la familia de Pico y María con los dos hijos Quetzal, de 5 años, y Agua Marina, de 12 años. Una familia muy original, artesanos que viajan educando a sus hijos con los libros de la calle y las sabidurías de la naturaleza.
Esta familia, de origen en la Quebrada de Cafayate, viaja haciendo la misma ruta que nosotros pero con la intensión de alquilar una casa y establecerse cerca de algún punto turístico para poder producir y vender artesanías. Así que quedamos en mantener el contacto por si la vida nos volvía a cruzar y nos interesaba pasar unos días con ellos.
En Canoa nos despedimos de Mariano y María.
Ahora son nuestros amigos de Las Heras! A quienes sin duda visitaremos la próxima vez que pasemos por Argentina.

Y con la despedida también se aproximaba la salida de Ecuador.
Entramos con el pie izquierdo en este País pero, al cabo de 1 mes, descubrimos que Ecuador es un destino obligado para quienes buscan estar tranquilos y a la vez pasarlo bien.
Entramos por el Oriente, bajamos el valle central, trepamos la Ruta del Sol, regresamos a Quito para pasar una noche y subir al mercado de Otaválo, y ahí termina nuestra vuelta por el país.
Próximo destino, Colómbia!!!

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