jueves, 7 de mayo de 2009

AVENTURA POR LA SELVAAAA.

La primer etepa en la selva empieza en Pucallpa a donde se llega despues de 18 horas de bus, que en nuestro caso fueron 24 porque..........
Al llegar a esta región del país uno se da cuenta de muchas cosas. Como todos dicen, y es verdad, el gobierno peruano pasa olímpicamente de todo lo que sucede en la selva. Las condiciones de vida son muy inferiores y en ello la educación, el respeto por los demás, la salud y conciencia de prevención, el orden, todo desaparece. Si sacamos los “mototaxis”, las plazas y las calles asfaltadas, por todo lo demás sería casi literalmente como estar en la selva.
Hay una grave tendencia a no respetar, sobre todo, a quienes son diferentes en sus rasgos físicos. Lo primero que se escucha por la calle es “GRINGO”, sin importar realmente de donde vengas o como te llamas eres para ellos un “GRINGO” por no ser de acá. Realmente es muy fastidioso, además de que da pena porque ni el más niño ni el más anciando sabe realmente de donde viene la palabra que tanto utilizan.
Por otro lado el la selva es increíble. Los ríos, tantos árboles, colores, animales exóticos, y tenemos que reconocer que solo estamos en el borde del amazonas.
Desde el camino ya se puede vivir el clima de la selva, hemos llegado a estar a 45 grados bien humedos. Como dice Nico, es lindo el calor... pero no tanto calor....
La gente está más que acostumbrada y no se detienen ni a la hora de la siesta. También hay que reconocer que el día tiene otros horarios, va de 5 de la mañana a 6 de la tarde y por supuesta acá la vida va con el sol.
En Pucallpa nos esperaba Andrea, también de CS, una chica de Alemania que trabaja en un proyecto turístico para las comunidades Shipibo locales. Es una chica muy agradable y nos dió mucho gusto quedarnos en su casa y compartir buenas charlas y almuerzos con ella.
Lamentablemente pasamos la segunda tarde en el hospital. Ya que a uno de nosotros (Nico) le atacó un parásito del agua que por suerte ya se fue de su estómago. Hay que tener cuidado con lo que se come y se toma.
Este inconveniente, y sobre todo teniendo en cuenta que en unos días nos ibamos aún más adentro de la selva, nos alejó de la posibilidad de conocer un poco más sobre Pucallpa. Así que dejamos para otra oportunidad la visita a las comunidades de San Francisco y otras Shipibo de la zona.
Desde el primer día nos preocupamos por saber como hacer para llegar a Iquitos, que es la ciudad más grande del mundo sin acceso por carretera, entonces nos quedaban dos posibilidades. La primer tomar un avión y la segunda navegar por el río Ucayali durante 4 días en unos barcos de carga y pasajeros. Obvio, la segunda descarta automáticamente a la primera...
Ahora solo quedaba averiguar. Pero el problema es que no existe un único puerto, sino que a lo largo de toda la costa se ponen los barcos como van llegando, si con un poco de orden pero muy lejos unos de otros. Es cierto que los que salen con pasajaros están generalmente todos en la misma zona, pero hay que tener en cuenta que por estas regiones no existe el orden ni tampoco las cosas son siempre igual. Así que no nos quedó más opción que dedicarle mucho tiempo caminando y preguntado por todos lados que barco y cuando salen para Iquitos.
A lo que nosotros llamamos barcos ellos le dicen “lanchas”. Nunca miden menos de 70 metros y viajan con carga y pasajeros. La carga va hasta más no poder y sobrepasando los limites y la gente se amontona una al lado de la otra en amacas que cuelgan, dependiendo de la lancha, en uno dos o hasta tres pisos distintos. Hemos contado que en algunos casos, como ser la cadena “Henry”, viajan hasta 500 personas. Las condiciones son realmente horribles, las lanchas están en muy mal estado y siempre, pero “sin falta”, se anuncian las partidas para el día de “hoy” y salen quizá a los dos días... mientras uno espera arriba en su amaca sin moverse porque claro, te recomiendan no dormir así podés vigilar tus pertenencias.........
Enterarnos de todo esto nos desanimó pero no nos resignó. Y como dicen por ahí, el que busca encuentra!
Sin darnos por vencidos pensamos que otra manera de viajar sería posible y empezamos a preguntar por barcos de “pura carga”. Lanchas que solo lleven carga y nada más. Y finalmente, después de 3 días de caminar bajo el sol, con parásitos y fiebre y un poco de mal humor, dimos con la persona indicada!
Un hombre con su canoa (piragua o “pequepeque”) de madera nos acercó hasta el barco de pura carga de la empresa NTC, del señor Nelson Torres Contreras, el Kathia María I.
En el barco nos recibió Alfredo, el cocinero, que nos dijo que zarpaban al día siguiente por la madrugada pero que para viajar con ellos debíamos pedirle permiso al mismo dueño de la embarcación, ya que no acostumbraban a llevar pasajeros ajenos a la tripulación. Así que nos dio la dirección de la oficina de NTC y rápido nos fuimos en busca del milagro.

Cuando entramos en la oficina nos dimos cuenta de que el señor Nelson no era cualquier comerciante del río, sino todo lo contrario.
Un multimillonario escondido en la pobreza de la ciudad. Un verdadero contraste inimaginable. Dueño de la empresa de transporte fluvial, de una empresa de distribución y del hotel 5 estrellas que se está construyendo en el centro de la ciudad.
En seguida nos dijo que si. No necesitamos más que decirle que queríamos ir a Iquitos por el río pero que encontrabamos muy caros los pasajes de las lanchas de pasajeros.
Nos invitó a pasar a su escritorio y nos contó sobre su familia. Su esposa e hija que viven en España y su hijo y su nieta que lo hacen tan feliz. Un poco sobre sus negocios y más del hotel que terminarán a fines del 2009. Nos presentó a parte de sus empleados y los puso a todos a nuestra disposición...
Así que a las 17.30 nos esperaban en la oficina con todo nuestro equipaje para que Pedro nos llevara al barco, con la orden de que nos traten muy bien y nos den la comida durante el viaje y un camarote para nuestra comodidad.
¿Qué más podíamos pedir?
Imposible tener tanta suerte, ni nosotros podíamos creer lo que habíamos conseguido. Llegar a Iquitos por el río Ucayali en un barco con pocos tripulantes, la comida incluída y todo gratis...
El viaje estuvo espectacular. Colgamos nuestras hamacas en la cubierta y acomodamos nuestro equipaje en el camarote. Nos hicimos muy amigos del cocinero y él mismo se encargó de que no nos falte nada, ni la limonada bien helada para cuando quisiéramos.
La verdad es que vivimos una experiencia única e irrepetible.
No es una ruta muy frecuente pero se la recomendamos a todos los viajeros que quieran llegar a Iquitos.

Una recomendación... no todos los bichos e insectos son tan bonitos e inofensivos como este, así que a buscar un buen repelente y ponerse ropa larga si no quieren perder todo lo que tengan de paciencia...

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