sábado, 30 de mayo de 2009

Ecuador por el Valle Central

Entramos a Ecuador por el oriente. Después de navegar el río Napo llegamos a la ciudad de Coca en donde tomamos un autobus que nos llevó hasta Quito.
Pasamos la noche en la ruta y llegamos a la capital por la mañana. Buscamos un hotel barato y nos dispusimos a recorrer la ciudad.
Caminamos un par de horas y para descansar nos sentamos en un Mc. Donals aprovechando que siempre tienen Wi-Fi gratis y uno se pude conectar sin necesidad de consumir. En este caso nos pusimos de acuerdo para compartir un Mc-helado, y a partir de ese momento cambió nuestra suerte y perdimos el invicto. En un segundo y con mucha técnica nos robaron.
Lo siguiente que hicimos en Quito fue visitar la comisaría para hacer la denuncia y los centros comerciales de cosas robadas para ver si recuperabamos al menos las tarjetas de memoria en donde almacenamos las fotos del viaje. Por suerte no encontramos nada... No es uno de esos lugares en donde uno puede jugar al policía y el ladrón y mucho menos con la prepotencia que se produce a causa del enojo y la sensación de impotencia.
Al día siguiente nos encontramos con Pablo, un chico del CouchSurfing que no podía hospedarnos, sino hasta el domingo, porque era semana santa y no se encontraba en la ciudad.
Con Pablo nos tranquilizamos un poco y gracias a él le dimos una segunda oportunidad a la ciudad. Así que nos quedamos unos 4 días instalados en su gran piso, ubicado en la parte nueva, desde donde visitamos un poco más la ciudad y el predio turístico de la mitad del mundo.


De Quito poco podemos decir. Tiene sus partes muy lindas e históricas, el casco antiguo con estilo colonial puro, la parte nueva repleta de hoteles modernos y centros comerciales inmensos, muchas iglesias, la basílica espectacular y el contraste típico de las ciudades sudamericanas. La gente resulta mucho más agradable que en Perú y Bolivia, son más sociales y conversadores, interesados y preocupados. Da gusto caer en sitios donde se entiende uno con la gente para cualquier necesidad y no ser tratado como distinto por el simple hecho de cargar con una mochila.



Luego de pasar unos días en Quito nos dirigimos a Baños. Bajando por el valle central, del cordón de los andes, se encuentran muchos pueblotes y pueblitos tradicionales en donde uno puede quedarse a pasar días tranquilos o no parar de practicar deportes de toda índole. Se ecuentran vistas hermosas de valles y quebradas, volcanes con sus picos nevados y en actividad, ríos correntosos para la práctica del rafting, interminables senderos naturales, acercamientos a la selva, aguas termales y mucho más. Es espectacular para quienes disfrutan del deporte extremo y el turismo de aventura.


Para estos días coincidímos con un amigo de Barcelona. Es muy gratificante y produce mucha ilusión verte con alguien de tu lugar, un cable a la vida, lejana pero real. Después de intentar cruzarnos en Perú habíamos perdido las esperanzas. Pero la vuelta de la mochila nos llevó a encontrarnos con Ricard Franch, un músico amigo y compañero de trabajo.

Ricard saltó en pijama!!!

Para dejar huella y sellar nuestra amistad decidimos cometer una locura juntos.
Como ya mencionamos, la zona es de puras quebradas y ríos y...... puentes..... y, ¿que se hace desde los puentes?

SE SALTA!!!

Así que con un par de “Cullons” bien grandes decidimos tirarnos de un puente de 120 metros de altura y sin cuerda...
Pero no nos dejaron, así que lo hicimos sujetados del arnés.
Ese mismo día por la tarde y con la adrenalina todavía en punta, partimos hacia Riobamba.
También ubicada sobre el valle central, Riobamba es una de las ciudades más importantes de Ecuador. Tuvimos mucha suerte de coincidir justo con las fiestas de la ciudad que se celebran durante unos 5 días con desfiles, recitales, ferias, exposiciones, etc.
A nosotros nos vino muy bien porque aprovechamos para vender artesanías durante los días de fiesta donde la gente sale a la calle a pasear y además se junta más gente de los alrededores debido a que las fiestas son muy reconocidas a nivel nacional.
En Riobamba nos esperaban Sandra y Mariana.
Sandra es del CouchSurfing y vive en una casa gigante con su amiga Mariana y más amigos que se alojan a menudo en una de las tantas habitaciones.
En la casa Mariana nos preparó un purgante natural de tomates de árbol y paico con azucar, para tomarlo durante tres días y limpiar nuestros estómagos. Tenemos que reconocer que vino muy, pero muy bien.
También alojaron a Ricard, que para estos días todavía estaba con nosotros.


Ponernos a vender en la calle nos hizo conocer a mucha gente linda, entre ellos dos argentinos de Las Heras, en provincia de Buenos Aires, María y Mariano.
También artesanos pero no de esos que pasan todo el viaje vendiendo y sobreviviendo de las ventas del día a día, sino más bien como nosotros que producimos poco y vendemos muy de vez en cuando.


Parchamos juntos durante esos días y por las noches nos ibamos a comer a los “agachaditos”, (donde se come muy bien y por buen precio), a tomar unas cervezas y continuar con las divertidas charlas de todo el día.
Una recomendación para los que visiten Ecuador, siempre busquen los “agachaditos”, que están en todo pueblo y ciudad y vale la pena comer ahí.
Con nuestros nuevos amigos de Las Heras, Ricard, y los couch de Riobamba pasamos unos días muy divertidos y plenos de buena onda.
Así que no nos queda más que terminar esta entrada con un abrazo grande y deseo de muchos éxitos para todos los que estuvieron ahí.

domingo, 17 de mayo de 2009


Iquitos tiene la particularidad de ser la ciu
dad más grande del mundo a la que no se llega por carretera. Los únicos accesos posibles son por vía fluvial o aérea.

Un poco antes de llegar a Iquitos se juntan los ríos Marañon y Ucayali dando nacimiento al río Amazonas.
Es por eso que Iquitos es el mejor punto de acceso a la selva si se mira desde el Perú, y por consecuencia es una ciudad muy turística repleta de oficinas de turismo y guías que trabajan en las calles buscando a quien llevar a la selva. Vale recalcar que los precios para hacer una excursión a la selva son exageradamente altos.

Además de las excursiones, desde Iquitos uno puede cruzar la frontera hacia Brasil, por el río Amazonas; hacia Leticia, Colómbia, también por el Amazonas; y hacia Ecuador, por el rio Napo.
Iquitos es, para aquellos viajeros que continúen explorando el continente, la mejor opción para salir del país teniendo en cuenta que por la costa solo se puede ir hacia Ecuador y las playas peruanas no valen para nada la pena.
Para aquellos que, como nosotros, dejan Brasil para otro viaje es la mejor oportunidad para conocer la selva.
Ni bien llegamos a Iquitos nos pusimos a averiguar como hacer para cruzar a Ecuador. Descartamos Manaus, en Brasil, porque nos alejaba mucho de nuestra ruta, y también descartamos navegar hacia Colómbia porque primero queríamos entrar en Ecuador.
El problema que se nos presentó fue que las “movilidades por el río” (embarcaciones y transporte fluvial) solo son comunes en dirección a los dos países descartados y por el contrario no existe casi relación entre Perú y Ecuador por esta zona de sus fronteras.
No es para nada común viajar desde Iquitos a Coca. Casi nadie se atreve a remontar el río Napo.
En ningún momento descartamos la posibilidad de tener la misma suerte que tuvimos en Pucallpa. Queríamos conseguir otro milagro, pero esta vez no fue posible.
Las “lanchas” son la única movilidad - en la entrada anterior hicimos una breve descripción sobre las “lanchas” que transportan pasajeros y carga – y son mucho peores que las que hacen el recorrido de Pucallpa a Iquitos. Existen solo 4 “lanchas” que remontan el Napo hasta Pantoja, último pueblo peruano antes de ingresar a Ecuador. Están en tan malas condiciones que se pasan la mitad del mes en el taller, anuncian las salidas para un sábado, por ejemplo, y salen recién a los 10 días de pasado ese sábado con tanta carga y pasajeros que en lugar de demorarse 6 días en hacer el recorrido se demoran 10. Y todo funciona así de mal, para nosotros, y así de normal para los mismos peruanos que son los más damnificados.
En algún momento pensamos en salir por la puerta de atrás y regresar hasta Yurimaguas, de ahí bajar por tierra hasta Tarapoto, seguir por carretera hasta Chiclayo, luego Piura, Mancora y entrar en Ecuador por Tumbes.
Pero no! Llegamos a Iquitos con el fin de seguir hacia Ecuador y no nos íbamos a rendir y dejar de aventurarnos en lo desconocido y la selva.
En la oficina de turismo nos brindaron bastante información sobre algunas alternativas para avanzar por el río y como podíamos hacer para visitar algunos pueblos y comunidades siguiendo la ruta del río Napo.
Resulta que a mitad de camino entre Iquitos y Pantoja existe un pueblo que se llama Santa Clotilde y que se puede llegar hasta allí tomando un “deslizador” o rápido (lanchitas pequeñas con motores grandes) en unas 4 horas, cuando las “lanchas” se demoran unos 2 o 3 días en hacer el mismo recorrido.
Ahora tocaba esperar a que zarpe alguna de estas “lanchas” hacia Pantoja y dejar pasar unos 2 días para alcanzarla en Santa Clotilde y así nos quedaría solo la mitad del terrible viaje.
El plan resultaba perfecto porque visitando los distintos puertos encontramos que una de ellas, el “ANDY” estaba punto de salir ese mismo día, y era verdadero, iba a salir...
La misma tripulación del ANDY nos dijo que se demorarían 2 días en pasar por Santa Clotilde y que en unos 5 a 6 días completaban el recorrido de Iquitos a Pantoja, por lo que nos quedarían unos 3 días para navegar con ellos hasta migraciones peruanas.
Dejamos pasar un día y medio y partimos hacia Santa Clotilde. De momento las cosas iban bien y con mucho entusiasmo y ganas de llegar a Ecuador. De todas las opciones esta era la más cómoda, pasar solo 3 noches en la “lancha” no era para nada grave y suficiente como para que resulte de ello una grata experiencia...
Pero como siempre algo tenía que pasar.
A los poco minutos de salir con el deslizador, hacia Santa Clotilde, adelantamos al Andy, y eso fue una mala señal.
Nadie esperaba ver al Andy por lo menos pasadas unas 3 horas de viaje...
En seguida nos dimos cuenta de que tendríamos que pasar una noche en Santa Clotilde y esperar con los dedos cruzados a que no se demore más nuestro nuevo “amigo” El Andy!
Queremos comentar que vale la pena conocer Santa Clotilde. Es una comunidad del río Napo en donde la gente aún se conserva con poca contaminación e influencias de la ciudad y el turismo.
Pasamos la noche en el único hospedaje del pueblo donde conocimos al Capitán Guerrero. Este es un militar peruano que viajaba más arriba de Santa para comenzar con su servicio de dos años en la base del Río Curaray.
El Curaray desemboca sobre el Napo a unas 12 horas al norte de Santa Clotilde.
El Capitán no conocía mucho la zona, pero nos comentó acerca de una comunidad cerca de la base llamada San Rafael y también nos dijo que todas las embarcaciones que pasan por ese punto, ya sea que suben o bajan por el río, están obligados a pasar por el control militar.
El plan seguía en curso y al final la demora del “amigo” nos permitió conocer una comunidad del río y resulto agradable pasar una noche ahí.
Al despertar nos encontramos con que el “amigo” Andy ya estaba descargando en Santa Clotilde y en seguida nos acercamos para preguntar a que hora salían en dirección a Pantoja.
Ahí vino el impacto de aguas muy frías...
La nueva noticia era que el “amigo” saldría recién por la noche y, además, cambiaba su curso normal y se desviaría por el río Curaray para entregar unos postes de luz en una comunidad al final del río, luego bajar otra vez hasta la desembocadura en el río Napo y recién ahí retomar el destino original hacia Pantoja.....

LA PU........ MADRE!!!!!!! (enojo argentino)

ME CAG..... EN DEU!!!!!!! (enojo catalán)

Ahora el tiempo del desvío sumaba 3 días más navegando con el “no tan amigo”... y la paciencia, se los aseguro, no estaba preparada para 6 días en total arriba de una lancha. No hace falta que contemos otra vez sobre las condiciones de viaje.
Lo único positivo era que teníamos unas cuantas horas para decidir si seguíamos con el
“no tan amigo” o si pedíamos en el bar un wishky y un revolver.....
;">En algún momento del día nos iluminamos y se nos ocurrió que podíamos comentar al Capitán Guerrero sobre la posibilidad de quedarnos a dormir en San Rafael, la comunidad que está en el cruce de los dos ríos, y esperar durante el día en la base militar a cualquier embarcación que pasara en dirección a Pantoja. El Capitán se puso muy de nuestro lado, (somos buenos actores), y enseguida nos ofreció incluso un poco más.
Resulta que de la base a la comunidad hay que caminar una media hora por la selva y el camino no es muy bueno así que nos prometió que se encargaría personalmente de cuidar nuestras cosas durante la noche y así nosotros podíamos ir sin equipaje a dormir tranquilos a San Rafael.
En el peor de los casos esperaríamos tres días entre la base y la comunidad a que regrese el “no tan amigo” de su desvío por el Curaray y de ahí el viaje sería de solo 3 días hasta Pantoja.
Llegamos con el Andy a la base militar después de toda la noche de viaje y enseguida el capitán Guerrero se encargó de presentarnos a los militares encargados del puesto de control y el mismísimo comandante. No hizo falta que nadie nos explique sobre rangos para entender que el capitán se encontraba en una buena posición.
Pasamos ese día muy entretenidos de charla entre oficiales y soldados, en los que sorprendentemente se encuentran niños de 15 años.
Como acordamos dejamos las mochilas en la base y partimos caminando a través de la selva acompañados por uno de los soldados hacia la comunidad de San Rafael, donde no hizo falta decir mucho que ya habíamos hecho amigos y encontrado una casa en donde poner nuestras hamacas para pasar la noche.
San Rafael es una comunidad indígena mucho mas pequeña que Santa Clotilde. La gente resulta muy amable y en ningún momento nos trataron como gringos, turistas o extranjeros. Nos dieron la oportunidad de participar en sus conversaciones, jugar con los niños a cartas y sentarnos en un bar a tomar cerveza caliente invitados por unos trabajadores de madera y también algunos soldados.

;">A la mañana siguiente aparecimos por la base y el comandante ya nos esperaba con el desayuno y muchas ganas de conversar. Pasada la mañana esperando en el control recibimos el llamado otra vez del comandante, pero esta vez para almorzar junto a las grandes autoridades de la base. En el almuerzo aprendimos mucho sobre el punto de vista del ejército peruano sobre las guerrillas y los grupos terroristas que en su momento fueron un problema cotidiano en la sociedad peruana. También hablamos un poco sobre estructuras militares, rangos y diferencias entre los ejércitos de nuestros países. Hasta incluso hablamos sobre animales de la selva y nos contaron los peligros de la zona, casos de anacondas, anguilas eléctricas, arañas, pirañas,...
Dentro de la base hay una laguna con un letrero gigante de prohibido bañarse ya que hacia no más de un año había muerto un soldado electrocutado por una anguila, y a otro soldado se le enganchó una anaconda de la rodilla pero milagrosamente se salvó. En esa laguna uno no se puede bañar, pero si que se puede hacer un paseito en canoa. Así que después del almuerzo nos aventuramos con un botecito sobre esas aguas tan peligrosas.
Pasamos ese día entretenidos en la base sin señal de ninguna embarcación y por la noche regresamos a San Rafael.
A la mañana siguiente otra vez repetimos la misma historia pero le agregamos el apoyo de la gente de la comunidad, como alguno dijo, “es una buena noticia si no los vilvemos a ver, significa que han encontrado movilidad”. Otra vez en la base nos esperaba el comandante con el desayuno y con un regalito. Nos dio un envase lleno de repelente militar, ya que los repelentes de farmacia no sirven para nada.
Después del desayuno nos dirigimos otra vez al puesto de control con esperanzas de que llegara alguna embarcación. Pasó la mañana y nada.

Como cada día nos fuimos a almorzar y por sorpresa de todos, justo terminando la comida, apareció nuestro “gran amigo”... No lo esperábamos hasta el día siguiente, así que fue una gran alegría. De ahí el Andy ya se iba a Pantoja y como iba con poca carga y pocos pasajeros preveía su llegada para dentro de un par de días.
;">Nos instalamos sobre la cubierta de las hamacas y empezamos a hacernos buenos amigos. Imaginen el aburrimiento de las personas que ya hacía una semana que estaban encerradas en el barco.
También hicimos buena relación con la tripulación y no faltó la conversación sobre Maradona y el 6 a 1 de la selección Argentina contra Bolivia en La Paz.
El tiempo pasó muy rápido y sin darnos cuenta llegamos a Pantoja, otra comunidad del río pero ésta si que te está contaminada por las influencias exteriores. La gente no tiene las mismas características que en las comunidades anteriores. Aquí, por ejemplo, dicen ser peruanos pero todos los precios están en dólares, como en Ecuador... Entendemos que muchas cosas llegan desde muy lejos y ya se pagan caras, pero otras no y se siente el abuso.
Cobran por los servicios tal como lo hacen en ecuador, la comida está tres veces más cara, las salidas hacia Nuevo Rocafuertre, siguiente pueblo por el río pero ya en Ecuador, las cobran totalmente desproporcionadas con el resto de los precios entre Iquitos y Pantoja. Ellos mismos reconocen que abusan del turismo y con mucho sarcasmo ya que una vez ahí......
Pero nosotros nos las ingeniamos para salir a cuenta y no dejar nada en ese pueblo que tanto nos disgustó.
En el barco conocimos a un ecuatoriano que nos contó que su padre viajaba de Nueva Rocafuerte a Pantoja, y viceversa, unas cuantas veces al mes. Entra con turistas a Perú y vuelve a su casa, del lado ecuatoriano, con animales y algunas provisiones más, pero rara vez sube con pasajeros.
Antes de llegar a Pantoja no era seguro que este señor estuviera por el lado peruano. Pero para nuestra continuada suerte así lo fue. El señor “Morocho” se encontraba por la zona en busca de unos chanchos para subir a Nuevo Rocafuerte y, gracias a que conocíamos un poco a su hijo, no tuvo inconveniente en llevarnos hasta Ecuador por solo 10 dólares y 30 soles....
Eso era todo lo que teníamos para ofrecer, un poco en serio y otro poco porque nos negamos a pagar 50 dólares que era lo que todos exigían. Por esto ganamos algunos enemigos. A pesar de que la tripulación de nuestro “gran amigo”, el señor de la gasolina, el ecuatoriano y su padre y algunos pantojinos más estaban de nuestro lado, ganamos como enemigos a todos los del gremio de los “pequepeques” y sobre todo a su lider, una mujer con muy mala onda que no hace más que comer sentada en su bar y decidir quien puede llevar a quien y hacia donde, junto a sus amigos arreglados de migraciones y permisos fluviales.
Pasamos nuestra última noche del lado peruano durmiendo en el Andy, con permiso de la tripulación, para no pagar hospedaje y a la mañana siguiente partimos con el Morocho y sus animales hacia Ecuador.
Así dejamos Perú. Con mucha alegría por haber logrado una ruta imposible y llena de trabas, y un poco de tristeza porque en la dificultad estuvo el encanto. Cumplimos con nuestro objetivo y llenamos nuestros corazones con una experiencia única e inolvidable.
En Nuevo Rocafuerte nos esperaban los de migraciones... va, no nos esperaban...
La historia en Ecuador comienza entrando por una frontera tan pero tan poco utilizada que ni siquiera tienen oficina de control migratorio y aduana, o mejor dicho, si la tienen pero no es más que la propia casa de los policías asignados a la selva.
Al ingresar esperamos unas 2 horas, aproximadamente, a que apareciera el policía con el sello para entrar. En ese rato se acercaron un montón de niños a jugar con nosotros y nos invitaron a recoger algunas frutas de los árboles de la quinta del cura, aprovechando que el cura no estaba.....
Cuando llegó el de migraciones nos hicimos amigos y le pedimos si nos dejaban dormir en el suelo de la casa-oficina y para sorpresa de los dos nos dijeron que si. Total no perdíamos nada con hacer el intento y resultó que hasta nos dieron una cama y nos pusieron el mosquitero para que soñemos con los angelitos.
Hace unos días un amigo nos preguntó cual fue el sitio más raro en el que dormimos alguna vez y definitivamente fue este, nunca habíamos dormido en una oficina de migraciones.
Nos tocó pasar la noche y despertar a las 4 de la mañana para coger el deslizador hacia Coca.
Pasaron unas 6 horas de navegación con un poco de lluvia y bastante frío, pero no nos importó en absoluto ya que se trataba de las últimas horas por el bendito río Napo. Creo que si en ese momento la barca se hundía nos era igual, continuábamos nadando hasta llegar a Coca.
Pero no fue necesario nadar. Llegamos a Coca antes de lo previsto y compramos el pasaje para ir POR TIERRA hasta Quito, la capital del Ecuador.
En estos días vivimos una experiencia única, de lo mejor que hicimos en el viaje. Conocimos y aprendimos muchisimo sobre la vida y caímos en cuenta de que siempre existen puntos de vista distintos sobre como vivir el día a día. Niguno es mejor que el otro. Somos todos distintos pero solo según el lugar de nacimiento, crecimiento y entorno de educación. La escencia es para todos la misma.

Precios y Duración de los trayectos:

; font-weight: normal;">De Iquitos (puerto de los Productores) a Indiana: 15min, 8s.

De Indiana a Mazán: 15 mins, 3s

De Mazán a Santa Clotilde: 4 horas, 50s.

De Santa Clotilde a San Rafael: 12 horas, 10s.

De San Rafael a Pantoja: 2 días y 2 noches, 30s.

De Pantoja a Nuevo Rocafuerte: 2 horas, 10$

De Nuevo Rocafuerte a Coca: 6 horas, 10$


* de Iquitos a Pantoja: 7 dias de lancha, 90s.

* de Santa Clotilde a Pantoja: 3 dias de lancha, 40s.



LAMENTABLEMENTE HEMOS SIDO ROBADOS Y PERDIMOS PARTE DE LAS FOTOS QUE ACOMPAÑAN ESTA PUBLICACIÓN. YA EXPLICAREMOS QUE FUE LO QUE PASÓ...

jueves, 7 de mayo de 2009

AVENTURA POR LA SELVAAAA.

La primer etepa en la selva empieza en Pucallpa a donde se llega despues de 18 horas de bus, que en nuestro caso fueron 24 porque..........
Al llegar a esta región del país uno se da cuenta de muchas cosas. Como todos dicen, y es verdad, el gobierno peruano pasa olímpicamente de todo lo que sucede en la selva. Las condiciones de vida son muy inferiores y en ello la educación, el respeto por los demás, la salud y conciencia de prevención, el orden, todo desaparece. Si sacamos los “mototaxis”, las plazas y las calles asfaltadas, por todo lo demás sería casi literalmente como estar en la selva.
Hay una grave tendencia a no respetar, sobre todo, a quienes son diferentes en sus rasgos físicos. Lo primero que se escucha por la calle es “GRINGO”, sin importar realmente de donde vengas o como te llamas eres para ellos un “GRINGO” por no ser de acá. Realmente es muy fastidioso, además de que da pena porque ni el más niño ni el más anciando sabe realmente de donde viene la palabra que tanto utilizan.
Por otro lado el la selva es increíble. Los ríos, tantos árboles, colores, animales exóticos, y tenemos que reconocer que solo estamos en el borde del amazonas.
Desde el camino ya se puede vivir el clima de la selva, hemos llegado a estar a 45 grados bien humedos. Como dice Nico, es lindo el calor... pero no tanto calor....
La gente está más que acostumbrada y no se detienen ni a la hora de la siesta. También hay que reconocer que el día tiene otros horarios, va de 5 de la mañana a 6 de la tarde y por supuesta acá la vida va con el sol.
En Pucallpa nos esperaba Andrea, también de CS, una chica de Alemania que trabaja en un proyecto turístico para las comunidades Shipibo locales. Es una chica muy agradable y nos dió mucho gusto quedarnos en su casa y compartir buenas charlas y almuerzos con ella.
Lamentablemente pasamos la segunda tarde en el hospital. Ya que a uno de nosotros (Nico) le atacó un parásito del agua que por suerte ya se fue de su estómago. Hay que tener cuidado con lo que se come y se toma.
Este inconveniente, y sobre todo teniendo en cuenta que en unos días nos ibamos aún más adentro de la selva, nos alejó de la posibilidad de conocer un poco más sobre Pucallpa. Así que dejamos para otra oportunidad la visita a las comunidades de San Francisco y otras Shipibo de la zona.
Desde el primer día nos preocupamos por saber como hacer para llegar a Iquitos, que es la ciudad más grande del mundo sin acceso por carretera, entonces nos quedaban dos posibilidades. La primer tomar un avión y la segunda navegar por el río Ucayali durante 4 días en unos barcos de carga y pasajeros. Obvio, la segunda descarta automáticamente a la primera...
Ahora solo quedaba averiguar. Pero el problema es que no existe un único puerto, sino que a lo largo de toda la costa se ponen los barcos como van llegando, si con un poco de orden pero muy lejos unos de otros. Es cierto que los que salen con pasajaros están generalmente todos en la misma zona, pero hay que tener en cuenta que por estas regiones no existe el orden ni tampoco las cosas son siempre igual. Así que no nos quedó más opción que dedicarle mucho tiempo caminando y preguntado por todos lados que barco y cuando salen para Iquitos.
A lo que nosotros llamamos barcos ellos le dicen “lanchas”. Nunca miden menos de 70 metros y viajan con carga y pasajeros. La carga va hasta más no poder y sobrepasando los limites y la gente se amontona una al lado de la otra en amacas que cuelgan, dependiendo de la lancha, en uno dos o hasta tres pisos distintos. Hemos contado que en algunos casos, como ser la cadena “Henry”, viajan hasta 500 personas. Las condiciones son realmente horribles, las lanchas están en muy mal estado y siempre, pero “sin falta”, se anuncian las partidas para el día de “hoy” y salen quizá a los dos días... mientras uno espera arriba en su amaca sin moverse porque claro, te recomiendan no dormir así podés vigilar tus pertenencias.........
Enterarnos de todo esto nos desanimó pero no nos resignó. Y como dicen por ahí, el que busca encuentra!
Sin darnos por vencidos pensamos que otra manera de viajar sería posible y empezamos a preguntar por barcos de “pura carga”. Lanchas que solo lleven carga y nada más. Y finalmente, después de 3 días de caminar bajo el sol, con parásitos y fiebre y un poco de mal humor, dimos con la persona indicada!
Un hombre con su canoa (piragua o “pequepeque”) de madera nos acercó hasta el barco de pura carga de la empresa NTC, del señor Nelson Torres Contreras, el Kathia María I.
En el barco nos recibió Alfredo, el cocinero, que nos dijo que zarpaban al día siguiente por la madrugada pero que para viajar con ellos debíamos pedirle permiso al mismo dueño de la embarcación, ya que no acostumbraban a llevar pasajeros ajenos a la tripulación. Así que nos dio la dirección de la oficina de NTC y rápido nos fuimos en busca del milagro.

Cuando entramos en la oficina nos dimos cuenta de que el señor Nelson no era cualquier comerciante del río, sino todo lo contrario.
Un multimillonario escondido en la pobreza de la ciudad. Un verdadero contraste inimaginable. Dueño de la empresa de transporte fluvial, de una empresa de distribución y del hotel 5 estrellas que se está construyendo en el centro de la ciudad.
En seguida nos dijo que si. No necesitamos más que decirle que queríamos ir a Iquitos por el río pero que encontrabamos muy caros los pasajes de las lanchas de pasajeros.
Nos invitó a pasar a su escritorio y nos contó sobre su familia. Su esposa e hija que viven en España y su hijo y su nieta que lo hacen tan feliz. Un poco sobre sus negocios y más del hotel que terminarán a fines del 2009. Nos presentó a parte de sus empleados y los puso a todos a nuestra disposición...
Así que a las 17.30 nos esperaban en la oficina con todo nuestro equipaje para que Pedro nos llevara al barco, con la orden de que nos traten muy bien y nos den la comida durante el viaje y un camarote para nuestra comodidad.
¿Qué más podíamos pedir?
Imposible tener tanta suerte, ni nosotros podíamos creer lo que habíamos conseguido. Llegar a Iquitos por el río Ucayali en un barco con pocos tripulantes, la comida incluída y todo gratis...
El viaje estuvo espectacular. Colgamos nuestras hamacas en la cubierta y acomodamos nuestro equipaje en el camarote. Nos hicimos muy amigos del cocinero y él mismo se encargó de que no nos falte nada, ni la limonada bien helada para cuando quisiéramos.
La verdad es que vivimos una experiencia única e irrepetible.
No es una ruta muy frecuente pero se la recomendamos a todos los viajeros que quieran llegar a Iquitos.

Una recomendación... no todos los bichos e insectos son tan bonitos e inofensivos como este, así que a buscar un buen repelente y ponerse ropa larga si no quieren perder todo lo que tengan de paciencia...

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